lunes, 23 de julio de 2007

Pasa la vida.


De nuevo en casa. Ha pasado casi una semana desde que me ingresaron de urgencia en el Hospital Central. Gracias Marisa. Gracias Adolfo.

A los fuertes dolores que me aquejaban y a la incertidumbre que tenía sobre lo que realmente estaba padeciendo, tras numerosos análisis y laboriosas pruebas, dieron atinada y eficaz respuesta los profesionales del excelente servicio público de salud que tenemos en Asturias.

Profesionales de los servicios de urgencia y posteriormente de la planta sexta a los que expresamente deseo agradecer su saber hacer, dedicación y la amabilidad con la que me trataron, muchas gracias especialmente por esa sonrisa con que me regalaban cada mañana.

Aunque soy de naturaleza optimista, la aparición de un cisne negro en mi vida, me ha dado la oportunidad de apreciar, tal vez mejor que nunca, a mi familia, a los amigos y amigas, a las compañeras y compañeros y a todas aquellas personas “que siempre están ahí” y que junto a mis creencias y convicciones conforman y dan sentido a mi vida. Con todos estoy en deuda y es una deuda que no debo dejar de saldar

La inesperada visita del cisne negro, si bien me ha aportado escasos conocimientos en la disciplina sanitaria, aparte de conocer lo que significa una erisipela, no es menos cierto, que me ha sido muy útil para despertar de las certidumbres más o menos amodorradas que uno cree que posee, y ver con meridiana claridad los procesos mentales mediante los cuales aprendemos a “engañarnos”, a veces a nosotros mismos, bien sea sobre el mundo que nos toca vivir, sobre un pasado que nunca existió o un porvenir que presentimos más acorde con nuestros deseos que con una previsible realidad.

Me han quedado claras algunas cosas, que los cisnes negros existen, que uno no puede predecir su llegada, (con mayor nivel de acierto con el que los meteorologos pronostican el tiempo cada fin de semana), y que debo de estar preparado y con los deberes hechos para su llegada, sea esta maligna o benigna.

Tal vez por ello deba seguir cultivando algo la cautela escéptica, pero bastante más, mucho más la tarea entusiasta sobre aquellas cuestiones que realmente me importan y que tienen que ver con mis ideas y convicciones más profundas, dar también rienda suelta a la curiosidad que aún tengo pendiente con mis aficiones, y compartir el tiempo, ese elemento vital que no se fabrica, con las personas que hacen a uno la vida más agradable.

Esa es la enseñanza que me ha dejado este cisne negro y benéfico que, a veces, viene a decirnos que hemos de cambiar de vida.

7 comentarios:

Edurne dijo...

Me alegro de que ya estes mejor. Cuidate mucho. Un beso

Antonio dijo...

Ánimo, que estas cosas suelen pasar y como estoy seguro en tu caso tener un buen final.

Raquel dijo...

Menos mal que todavía hay "gente de la política" que reconoce el trabajo de los profesionales sanitarios y lo hace de forma tan expresa. Muchas gracias. Ten paciencia con lo tuyo que suele ser bastante latoso.

Gonzalo dijo...

Me gusta el término cautela escéptica, es un paso obligado, condición obligada diría yo, ante tanto dogmatismo carente de los más elementales fundamentos que nos tratan de imponer los voceros de lo políticamente correcto. Cuida la salud, merece la pena.

Pedro Rpstiguez dijo...

Suele ser beneficioso hacer un alto en el camino, descansar, contemplar el paisaje y tratar con el paisanaje, antes de seguir el camino. No tengas mucha prisa y cuida esa salud. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Mejorate pronto que nos haces mucha falta.

LUNA dijo...

Recuerda que nunca es tarde para cambiar de vida. Pero cambia solo aquello que no te beneficia, intenta hacer más ejercicio físico, o comer más ordenadamente haciendole caso a Augusto, tomate la política con más humor, aunque te resulte difícil y a veces imposible, y sobre todo no cambies nada de como eres, que te queremos así.
bss